La verdad que es todo un desafío y un compromiso ilustrar un libro escrito por Hebe, sobre todo por la carga emocional de lo que cuenta y la densidad de las historias. Me animé a encarar una técnica a la cual no estoy tan habituado, la aguada con tinta china. Pienso que trabajando sin línea y solo con manchas se puede reflejar mejor el espíritu del libro, en el que Hebe habla desde su memoria.

